Que suerte tener cada día esas dos caritas que te sonríen con dulzura y sentirte un ratito fuera del mundo. La tranquilidad que deja una mañana llena de besos comodines, esos suspiros seguidos de risas y un claro “qué boquete, amiga”.
Que suerte saber que estáis ahí para cuando haga falta. No tenéis idea de la falta que me podéis hacer ahora mismo, de lo difícil que sería sin vosotras.
Una no se espera estas cosas y quizás me asusta un poco, pero solo por no saber estar a la altura. Intento ponerle a todo un principio, encontrar el primer momento en el que pensé “ojala las carvahs conmigo ahora mismo”, pero no lo encuentro. Así, me gusta pensar que si no encuentro el principio, más duro lo tiene el final para encontrarme.
Definitivamente me quedo enganchadita a esa sensación de calor en el pecho cuando te empiezas a sentir parte de algo y pienso que tengo infinitos besos que daros y que seré buena y no todos serán indecorosos, lo prometo.
...por qué no no no no no te invité no te invité... (8) :)

el final jamás se vio miga
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