Si ahora me quema un beso la boca, pues que arda. Así que, me
levanto, cojo esa carta y la guardo donde no pueda volver a verla.
- Que no eres ninguna Sally, aunque te sientas un poco sola
y estés hecha a trozos -
Me prometo aguantar la respiración, que no me dolerá que no
me eches de menos, ni me busques, ni que cualquier excusa sea buena para
abrazarme.
Dejo de lamer la herida y tiro a la basura el “quizás más
adelante…”
- Me perdono y te perdono -
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