martes, 5 de julio de 2011

La conozco.

Por eso he sentido cierto pánico esta mañana. Porque cuando ha sonado su teléfono y le he dicho que cambiara de una vez el tono de llamada, la he visto dirigirse a su escondite.

Mientras yo tendía sus minimalistas bragas azules, he sabido que hablaba ilusionada por como tocaba las hojas de la palmera. Que ella nunca ha sido muy efusiva con la naturaleza, pero cuando la llama alguien importante parece estar todo menos sucio, menos lleno de tierra, menos lleno de bichos.

Un buen rato ha estado allí, desde donde sabe que no la escucho, y yo he pensado en lo bonita que es. En lo infinitamente pequeña que me resulta cuando se coge dos coletas pegadas a la nuca. En la perra mala suerte que tiene. En las ganas de atarme a ella para que nunca se sienta sola y en lo poco que eso le serviría. Así que, antes de saber ni con quien habla, ya me cago en los muertos del hijo de puta que se atreva a coger ese moreno corazón y hacerle otra cicatriz.

Se acerca, con los ojos brillando, deseando que le pregunte y ahí sigo yo, tendiendo sus minimalistas bragas azules.

"Por ahora no es nadie. Quiero decir, no ha pasado nada. Pero me gusta, enana. Parece buen chico."

Mi gesto le dice que más le vale ser un buen chico y ella me sonríe y me abraza diciendo que hoy comeremos pollo strogonoff. Se va a la cocina tarareando la última de David Bustamente y yo me indigno por seguir sin conseguir cambiar su horrible gusto musical, pero enseguida se me hace la boca agua pensando en lo rica que le sale esa receta y la perdono.

2 comentarios:

  1. Es precioso esto en serio, es tu hermana supongo, tienes imagenes en letras que se ven en pantalla plana....en fin...si claro haz lo que quieras con lo que escribo, un abrazo.

    Salud.

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  2. Muy risueñas imágenes apuntas en este texto, encuadrado en un ambiente sacado de la cotidianidad.
    Saludos.

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