miércoles, 19 de enero de 2011

Más horas.

Te apareces en mi cabeza. Nos vuelvo a ver en el sofá cama tapados hasta los ojos, aunque la chimenea estaba encendida. Con el olor de la leña y las palomitas recién hechas. Recuerdo hacerme la dormida para que no te levantaras a quitar la película que pusiste, para que pensaras que estaba dormida y no me alejaras de tu pecho a no ser que fuera absolutamente necesario.

Y me besas la frente y yo sonrío. Ya me has pillado.
- Con que haciéndote la dormida… anda, déjame levantarme que tengo mucha sed.

Me desarma tu presencia y todo lo que debería estar pensando es solo niebla que alejas con tu aliento. No puedo negar que prefería estar en ese sofá cama antes que en cualquier otro sitio en el mundo y mucho menos que es donde quiero estar ahora.

Te echo de menos y he desterrado el teléfono para no hacer lo que me pediste que no hiciera. Pero tengo escalofríos de verdadero pánico y te pongo nombres como sábado, sabor, sexo, mientras se hace de noche y busco el mechero.

Me taladro las sienes pensando y pidiéndote desde el suelo de mi habitación que, por favor, pienses en mí.

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